Universo Perdido en el Tiempo

Universo Perdido en el Tiempo
Donde culmina la Búsqueda del Tiempo Perdido

¿Cómo buscamos el Tiempo Perdido?

Para lo que ustedes puede ser Tiempo Perdido, para nosotros significa emplearlo de manera que nuestro pensamiento quede plasmado en una frágil hoja de papel o tal vez quien sabe en algo más; así buscamos el Tiempo Perdido, mediante los más inimaginables elementos literarios. Lo más importante que tienen que tener en cuenta, es que si nos acompañan en esta búsqueda, quizás no estemos perdiendo del todo el tiempo. Stephen Víquez

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martes, 4 de septiembre de 2007

Prueba de Amor

Ayer te tuve conmigo. Me estabas besando, me estabas amando... Te estaba soñando. Miro a travez de mi ventana, y veo que tienes un nuevo amor. Te está abrazando, te está acariciando... Me está matando. La tomas de la mano y le dices lo que me juraste en aquella fantasía... Para ella todo es tan mágico...
Mientras tu la sigues adorando, yo sigo recordando los poemas que no me dedicaste, extrañando abrazos que no rozaron mi piel, besos que nunca tocaron mis labios, y esa traviesa mirada que nunca se encontró con la mia...
Y al pensar en esto, empiezas a convertirte en ese mounstruo que me carcome el alma y me obliga a guardar esperanzas inútiles. Y te odio, te odio como nunca he odiado. Te odio porque no soporto el hecho de amarte tanto y no poderlo evitar. Porque aún cuando me daña y me va quitando la vida a suspiros, sigo queriodo matarte a besos. Porque el odio es la muestra más grande de mi amor hacia ti...

Frustración

Me tomas de la mano. Me abrazas. Los besos calientan mi piel. Me llevas, extraño, donde el sol nos ciega a los dos y me preparas para que sea tuya. Te beso mientras la multitud nos observa, y entre tanta gente, te veo; mi amado, mi ser, mi todo. Me miras a mi y a ese extraño que me va robando el aliento y empiezas a mostrar tu dolor a gotas... Porque yo aborresco esos besos que estan erizando mi piel y no soporto ese abrazo que me amarra el corazón y me obliga a ceder. Y ese, ese que ahora me va haciendso suya... ese debiste haber sido tú!

La agonía de una sonrisa

Nunca creí que sonreír fuera algo difícil. Al contrario, siempre he sido una persona muy risueña (pregúntele a cualquiera que halla pasado conmigo más de una hora). Pero eso era antes de recibir una de las peores noticias de mi vida. Esa tarde de junio en que escuche una conversación telefónica de mi madre, discutiendo a cerca de la situación crítica de mi abuelita, hizo q cambiara la forma de ver la vida. Ahora, mover esos más de 40 músculos faciales era toda una odisea, ya que el entumecimiento que esto causo en mi cara fue total, provocando que la desesperación fuera el único sentimiento capaz de expresar.Aquella señora no era ni siquiera mi familia sanguínea, pero era la mamá de la mejor amiga de mi madre, había ayudado en mi crianza desde que yo era bebé, y todo esto y más la había convertido en mi tercera abuelita, como yo la llamaba. Ella, su hija, su yerno y sus nietas se habían unido a mi familia antes de mi nacimiento, y yo los quiero más aún que auténticos parientes.Cuando escuché aquello, lo primero que quise creer fue en que un oportuno milagro la salvaría de tan fatídico destino, ya que nadie con el alma como la de aquella ancianita merecía tan tortuoso martirio. Pero los dictámenes médicos decían otra cosa, y aquel cáncer que le había comenzado hacía tan solo un año, le carcomía ahora los pulmones, la ingle, los genitales y los huesos. Los doctores aseguraban que de junio no pasaría. Esto último hizo que viera caer una a una las esperanzas que inútilmente me había forjado, para caer así en una no muy agradable realidad, haciendo que empapara mi almohada más de una noche. Sin embargo, no ocurrió esto con la principal afectada. Aquella anciana con peluca teñida de azabache seguía conservando algo que ni los funestos pronósticos, ni la indescriptible enfermedad habían logrado arrebatarle: una sonrisa llena de alegría y esperanza, no en la curación sino en la resignación. Aconsejándole a sus llorosos allegados que no sufrieran por su causa y al mismo tiempo aguantando toses y dolores inhumanos, así pasó los últimos momentos de su vida una de las personas más dulces que he tenido la dicha de conocer; rodeada además, del amor que le daba la familia que tanto quería.Ahora que ya no está, ya no sigue siendo la tercera abuelita que tanto me alegraba tener. A aquella dama de cuento le nacieron alas, y la aureola que siempre tuvo, ahora le brilla más. Viste una bata blanca y sus descalzos pies se posan en una afelpada nube. Se ha convertido en mi ángel de la guarda, y me reconforta saber que en estos momentos la tengo más cerca de lo que la pude tener en vida; compartiendo con ella cada tropiezo, cada caricia y cada momento que la vida me da… Y quien sabe, tal vez su divina presencia me ayude a perder poco a poco la rigidez de mi cara.

Retrato de mi vida sin ti

Todavía recuerdo aquella noche; esa en la que secaste mi llanto… Fue eso hace ya tanto tiempo, y sin embargo, lo conservo aún en mi memoria como una pintura fresca que parece que nunca se secará. Quién diría en ese entonces, en aquella época de alegría y risa pura, que me encontraría así, de un pronto a otro. Sola, abandonada y con este corazón que tanto te ama tanto hecho añicos, como si fuese cualquier basura. Siento que estoy rodeada de una oscuridad total que penetra hasta lo más hondo que alguien pueda aguantar… Me despierto de golpe, y así puedo escuchar la lluvia que tintinea en mi ventana, parece como si suplicara entrar para hacerle compañía a las solitarias lágrimas que resbalan por mi cara. Miro mi mesa de noche, y entre las muchas sombras de mi doloroso pasado, encuentro aquel ramo de flores que me diste… Está ya marchito y su aspecto no da otra cosa que lástima, pero aunque no es sino un puñado de polvo, tienen más vida de la que yo tengo ahora. No se porque, pero insisto tercamente en no botarlo. Creo que es porque al verlo te recuerdo de una forma tan especial; y eso calma mi dolor un poco… Y al pensar en todo esto, solo se me ocurre preguntarme si vale la pena seguir amándote de esta inagotable manera. Si alguna vez mereciste una de mis infinitas lágrimas. O si alguna vez pensaste en que la causa de mi sufrimiento y ojos rojos eras solamente tú. ¿Vale la pena seguir amándote, si lo único que he ganado hasta ahora es este sentimiento tan amargo? No lo se yo misma. Ni siquiera se por qué te amo. E incluso, muchas veces me gustaría nunca haberte conocido… Pero cuando te miro, lo único que se es que dejas de ser uno de los recuerdos más tristes de mi vida para convertirte en la única razón del existir de mi universo; y todo lo demás, antes tan importante, simplemente deja de existir. Y cuando te vas de mi lado, y siento que voy a volver a esa terrible oscuridad de nuevo; empiezo a recordar aquella noche en la que con tus manos secaste el llanto de mis ya de por si muy mojadas mejillas…